Yonqui de William Burroughs

La primera novela de uno de los representantes de la Generación del Beat, donde nos sumergimos en un mundo decadente, al ritmo de la droga.

Cruda, cruel, real. Yonqui es una novela sin sutilezas, casi periodística, sin juicios de valor, que no tiene miedo de contarnos hasta qué punto puede llegar un hombre cuando se ve sumergido en el mundo de las drogas. Precisamente, la heroína. Su protagonista, Bill Lee, se hiere, pero no desea que sintamos lástima por él. No empatiza, no arma discursos de redención, no es el centro de una gran historia, simplemente existe en un vórtice destructivo y decadente.

«Nadie decide ser un adicto. Una mañana uno se despierta enfermo y ya es adicto», escribe en cierto punto William Burroughs. Y así sucede en la novela. Lo que inicia como un experimento termina por degradar a Bill. Lo lleva por diversos lugares, donde descubrimos cómo funciona su mundo. Las jergas, las jerarquías, las boticas, el trato con la policía, la rehabilitación. Nos ofrece un panorama completo de este ecosistema lleno de necesidad, angustia y agujas.

El trabajo de traficante es una especie de servicio público que va rotando de uno a otro miembro del grupo. La duración de tal servicio suele ser de unos tres meses. Todo el mundo está de acuerdo en que se trata de un trabajo ingrato. Como dijo George el Griego:
—Siempre se termina en la cárcel y palmado. Todo el mundo te llama cabrón si no le fías; y si lo haces, se aprovechan de ti.

Es allí donde esta obra puede resultar atractiva para unos y aburrida para otros. Su método se restringe a describir, a recibir y no ofrecer, ya que, pese a que hay pasajes interesantes donde nuestro personaje quiere un cambio, mayormente se resigna a ser llevado por la corriente. Bill es pasivo, carente de empatía, carente de algún objetivo que no sea colocarse. Su mente se consume, su vida se desmorona. Todo es un círculo vicioso, donde simplemente nos limitamos a presenciar sus opiniones de lo que pasaba en el tiempo que le tocó vivir. En las ciudades que recorre, en lo nimio de las vidas de los adictos, encontramos el alma de esta historia.

En México no hay más que un vendedor: Lupita. Lleva veinte años en el negocio. Empezó con un grano de droga y sobre ese grano levantó el monopolio del negocio de la droga en Ciudad de México. Lupita pesa ciento treinta kilos y decidió empezar a usar droga, para adelgazar, pero sólo le adelgazó la cara y el resultado no es demasiado positivo. Cada mes, poco más o menos, contrata un nuevo amante, le regala camisas, trajes y relojes de pulsera y luego, en cuanto tiene bastante, le da pasaporte.

Sin embargo, más allá de esa información y las constantes reflexiones sobre la libertad y la dependencia de las drogas que el libro propone, son pocos los elementos que sobreviven en estas épocas. Imposible negar el talento que tuvo William Burroughs al orquestar una novela de este calibre. Imposible negar su estilo. Imposible negar que este trabajo inspiró a personalidades y mentes creativas a lo largo de la historia, como Kurt Cobain o Ian Curtis. Pero actualmente existen todo tipo de narrativas que abordan el tema de la droga desde perspectivas más interesantes y en todos los géneros posibles —herederas tal vez de este libro—.

Cuando se deja la droga, se deja una manera de vivir. He visto yonquis dejarlo, salirles bien, y terminar muriéndose a los pocos años. Entre los ex adictos es frecuente el suicidio. ¿Por qué un yonqui lo deja por propio deseo? Es una pregunta que nunca se sabe cómo responder. Ninguna exposición consciente de las desventajas y los horrores de la droga puede darte el impulso emocional de abandonarla. La decisión de dejar la droga es una decisión celular.

Reconozco la importancia de la obra. A mediados del siglo XX debió ser retadora, subversiva. Allí reside su mito, en ser tan sincera en una época que censuraba este tipo de expresiones. Yonqui es un libro al cual me hubiese encantado llegar inocente, cuando todavía me creía el más rebelde de mi generación, cuando no conocía todo lo que me podía ofrecer el mundo.

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