Premiada en el Festival de Venecia, Sivas es una película que trata sobre los roles de género dentro de la sociedad turca.

El mundo de las películas que tratan sobre las relaciones de cariño y afecto entre hombres y animales suele ser monótono y predecible. Usualmente, las historias que tratan sobre este tipo de conexiones están edulcoradas por emociones muy básicas, ignoran la realidad y todos siempre son héroes. No hay espacio para los matices. Este no es el caso de Sivas, la primera película del director turco Kaan Müjdeci. Premiada en el Festival de Venecia del año 2014 y candidata de su país para la nominación de mejor película extranjera en los Óscar, esta película nos habla de los roles de género, la violencia y la transición de la infancia a la adultez dentro de un pueblo rural turco.

Así pues, conocemos a Aslan, un niño anodino que no se siente lo suficientemente hombre. Es reducido —en una obra escolar— al papel de un enano y cree que merece más de lo que obtiene. Está enamorado y no es correspondido. Es un niño que no tiene amigos. No tiene confianza con sus semejantes. Simplemente, no se siente dentro de su mundo, el cual mayoritariamente está compuesto por varones. Su hermano, que se presenta como el ejemplo a seguir de Aslan, es un hombre que vive arrinconado en su casa. Él lo llevará a una pelea de perros, donde conocerá al perro Sivas, quien pierde la batalla y, casi muerto, es recogido por Aslan. Y, en cierto sentido, lo resucita.

La fotografía de la película es decente. Mirar esa cara de Turquía a través del lente de la cámara no tiene precio.

La relación que establecen ambos personajes dentro del filme, pese a que uno es un animal y el otro un ser humano, se siente sincera. Es poética. Tanto Aslan como Sivas representan la derrota y cómo el apoyo y el cariño es suficiente para levantar el rostro y seguir con la vida (e incluso triunfar). Y esta historia no se limita a ello. Es un poco más ambiciosa, ya que el conflicto aparece cuando Aslan debe enfrentar las costumbres de su país y aceptar el rol que le toca dentro de la sociedad al transformar a su perro de una mascota en un animal de pelea (de nuevo).

Obviamente, estas implicancias que he redactado hacen a la película lo suficientemente atractiva para cualquier espectador. Sin embargo, el cineasta que la realiza no es efectivo al momento de estructurar la historia. Estos temas los trata muy disimuladamente o entre periodos de tiempo bastante largos y estériles. Los actos se sienten difusos y no hay un claro enfoque a qué está apuntando el director.

Es cierto que hay escenas buenas y muy bien logradas, así como metáforas interesantes. La batalla de los perros. La reunión de muchos hombres turcos en una sala. La pérdida de un equino. Pero no hay mucho que sea relevante dentro de la película. Uno podría saltar muchos fragmentos e igual se entendería lo que quiere comunicar. Müjdeci intenta reunir muchas tramas y bañar su relato de retórica pero fracasa. Sus personajes no tiene mucha personalidad. E incluso el niño se siente algo desprendido del proyecto.

Sivas es el ejemplo de una película con enormes ideas y ejecutada mediocremente. No es que sea lenta, es que es llana. Tal vez lo más digno de su hora y media de duración se halle en el final de la película. Allí tanto el perro como el niño aceptan su realidad y no batallan contra ella. Terminan vencidos en un triunfo. Müjdeci construye en esa etapa de esta obra, con elementos rústicos, respiros, ansias y silencios, una lucha interesante. El sonido funciona y los diálogos que sigue al terminar la batalla, para cerrar la película, son simplemente devastadores. Pero bueno, una película no son sus quince minutos finales, es un todo. Y más allá de ello, este filme solo es interesante por mostrar cómo se vive en otro país, en otra cultura. Película de festival, le dicen.

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