Once Upon a Time in Hollywood: El Fracaso y la Fantasía

La última de las películas de Quentin Tarantino. Una carta de amor al Hollywood de los 60, donde la fantasía subvierte a la realidad y crea un final feliz.

Derrota. Sentir que el tiempo se nos va, que conforme pasan los días nos hacemos más inservibles, que ya no pertenecemos. Aceptar que nuestros momentos de gloria han quedado relegados a simples recuerdos y que el futuro es algo tan incierto como desesperanzador. Esas son parte de las primeras ideas que surgen en mi cabeza cuando termina Once Upon a Time in Hollywood, una de las obras más divisorias —para los fanáticos— de Quentin Tarantino, donde el director enfrenta la realidad contra la ficción y nos ofrece su película menos sangrienta, y la más íntima.

Este filme no sigue las construcciones básicas de un guion. Obviamente existe un planteamiento, un desarrollo y un final. Pero no hay un hilo que necesariamente guíe toda la narrativa. Se cuenta mucho. Se une poco. Los eventos simplemente pasan. Pero los momentos se disfrutan a base de diálogos y acciones. Materias en las cuales Tarantino es un experto. Por ello, desde la primera escena nos atrapa. Nos muestra, en blanco y negro, a Rick Dalton (Leonardo DiCaprio) interpretando a Jake Cahill, la estrella de Bounty Law, un exitoso programa de televisión de la época. Su mirada es triste. Estamos ante su fin.

Fuente: IMDB

A esta le sigue una entrevista corta y seca. Conocemos a Cliff Booth (Brad Pitt), su doble de riesgo. La química de Pitt y DiCaprio es excelente. A lo largo de la película desarrollarán una gran relación. Y es entonces, en esta pequeña secuencia, que Tarantino juega con la realidad y la ficción en la sutileza de la posición de las cámaras. Ficción contra realidad, mejor dicho. Se acaba el blanco y negro y pasamos al mundo a color.

La realidad de nuestros personajes es dura. Están en el ocaso de sus vidas profesionales. Casi sin trabajo, Rick vive de apariciones esporádicas. Cliff ha sido reducido a un ayudante. Lo cual se ve expuesto, luego de una conversación que mantiene con Marvin Schwarz (Al Pacino), donde este último le dice que solo contratan a Dalton porque necesitan el prestigio pasado de su personaje de Bounty Law. El western americano ha muerto. Apenas 13 minutos de película.

Marvin Schwarz : So Rick, who’s gonna kick the shit out of you next week? Mannix? The Man from U.N.C.L.E.? The Girl from U.N.C.L.E.? How about Batman and Robin? 

Esta introducción es directa. No sobran tomas. La película va de cómo un vieja estrella sobrevive su inexorable olvido. Así pues, construye de a pocos un universo donde Rick Dalton se nos presenta como un ser inservible. Lo conocemos en sus dudas, en sus tartamudeos, en su alcoholismo y desesperación, gracias a los diálogos de Tarantino y la gran actuación de DiCaprio.

El escenario, otro gran personaje, es la ciudad de Los Angeles. A través de la lente de la cámara, se nos revela bajo el filtro de los 60. El color, los autos, la vestimenta y más detalles la reconstruyen a la perfección. Y dentro de este ecosistema de luces y cemento, aparecen el culto de Charles Manson —cuya única aparición dentro del filme es cumplidora— y Sharon Tate (Margot Robbie), ya que este relato existe debido a la fatídica noche del 8 agosto de 1969.

Fuente: IMDB

Y no puedo obviar este detalle. Esta película no puede ser disfrutada en su totalidad de no tener un conocimiento, al menos mínimo, de la noche en la cual fue asesinada Sharon Tate. Si nos basamos únicamente en lo que se nos presenta en el filme, preguntas como ¿por qué está allí?, ¿quién es Charlie? ¿por qué eligen su casa? o ¿cómo se embaraza? se presentan. Este filme necesidad de nuestra realidad, para contrastarla y ofrecernos una línea temporal distinta. Lo cual se evidencia, por ejemplo, en la desmitificación de Bruce Lee o lo patético y temerosos que pudieron ser los niños de Charles.

La vida casi perfecta

Este aspecto de yuxtaposición se percibe en la comparación las vidas de Rick y Cliff con la de Sharon Tate. Los separa únicamente una reja. Pero todo entre ellos es muy distinto. Calma y desorden. Presto especial atención en sus formas de pasar la noche. Mientras los dos varones son solitarios, Tate es gregaria. Mientras Cliff toma una curva con mucha prisa, el auto de Polanski (pareja de Sharon) se desliza sin ningún problema. Ella va de camino a la mansión Playboy, donde se nos presenta una California de ensueño. El alcohol y la televisión distan de las fiestas, la música y la diversión. El color amarillo de las prendas de Tate reluce inocencia, valor con el cual se la identifica a lo largo del filme. En su forma de tratar a las personas, de observarse a ella misma en la pantalla de un cine y su presencia casi angelical, persiste. Su función será mostrarnos la faceta más ideal de los 60. Un sueño perdido que no regresará.

Fuente: IDMB

Y, aún así, Sharon Tate también es una fracasada. Cuando va a un cine se emociona de sus pequeñas apariciones. En la taquilla no la reconocen, tienen que fotografiarla junto al póster de la película donde aparece para que la tomen en serio. Pese a que se encuentra en una faceta de su carrera tan opuesta a la Rick Dalton, los une ello, la falta de éxito.

La vida de Tate, se distancia mucho, además, de la de los seguidores de Charles Manson. En el metraje son animales. Inmundos, sectarios, violentos y escalofriantes. Unos fracasados más que no saben cómo ejecutar un asesinato y a los cuales les tiemblan las manos al sostener una pistola.

Un final ideal

Así pues, la película sigue presentándonos escenas que construyen a sus personajes sin un aparente propósito hasta que aparece la cuenta regresiva para el asesinato de Sharon Tate. El narrador es utilizado correctamente. Acelera mucho el ritmo de la historia para contarnos qué pasó con nuestros personajes en los meses de elipsis. Lejos de Hollywood, Dalton alcanza el éxito con un género muy valorado en la historia del cine y se propone a vivir de sus rentas. Sharon Tate está embarazada, alejada de las cámaras. Cliff se quedará sin trabajo. Todos se encuentran en un estado de pausa.

Entonces, el choque de la realidad contra ficción termina por concluir en un clímax violento y, en cierto sentido, humorístico. Como si se tratase de un cuento infantil, una carta de amor al Hollywood de su juventud, Tarantino decide que Sharon Tate no será asesinada. Y, poéticamente, el fracasado Rick Dalton termina por ingresar a un mundo que al inicio de la película estaba limitado por un reja. Suenan instrumentos dulces. El fracaso termina. Reina la fantasía.

Puedes comprar esta película en Apple TV y Google Play. Asimismo, puedes verla por streaming (en abril de 2020) en HBO GO.

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