Una película que, en los barrios de Hong Kong, nos narra la soledad de sus personajes y sus formas de asimilar el amor y su eventual expiración.

Pienso en el amor, pienso en Wong Kar-wai. En su cine se confunden una serie de personajes que aman, en todo el sentido de la palabra, en todas sus aristas. En sus diálogos, muchas veces poéticos, frases hermosas se deslizan, que tras la simpleza de lo cotidiano, ocultan mensajes fuertes, profundos e incluso filosóficos. Y ese es precisamente el caso de una de sus películas más populares: Chungking Express.

Este filme toma como escenario el popular barrio turístico de Tsim Sha Tsui, Hong Kong. De él extrae el vértigo de sus calles, su atmósfera asfixiante, sus neones y ese sentimiento de sentirse perdido, solitario en la multitud. Hong Kong se respira a través de los segundos de la película. El choque cultural de occidente y oriente en una de las ciudades más globales de Asia se siente en los elementos que suelen introducirse en los planos: el logotipo de Coca-Cola o McDonald’s, un peluche de Garfield y la música, que en la segunda parte de esta obra nos hace soñar con California.

Fuente: film-grab.com

En esta sucesión de colores y prisas conocemos a los agentes 663 y 223, dos hombres melancólicos que no aceptan la expiración del amor. Solitarios, meditabundos. Cada vez que ambos son arremetidos por la soledad, sentimos su tristeza en sus pensamientos. La metáfora de la expiración de una lata. La personificación de los elementos cotidianos en un pequeño departamento. Las escenas que Wong Kar-wai construye son fantásticas y llenas de intimidad, como repite a lo largo de otras películas en su cinematografía.

Agente 663: El 1ro de Mayo de 1994… Una mujer me deseó un feliz cumpleaños. Ahora la recordaré toda mi vida. Si la memoria pudiera enlatarse… ¿tendría también fecha de vencimiento?

La presencia de las figuras femeninas en esta película se yuxtaponen. Como sabemos, los dos policías solitarios están desesperados por amor, lo buscan y no lo encuentran. Y es entonces cuando aparecen, por casualidad, las mujeres que cambiarán sus vidas. Brevedad y eternidad. La primera, la mujer de la peluca rubia, nos lleva por un relato un tanto más hosco y misterioso, donde los elementos más asfixiantes de Chungking nos consumen. La segunda, Faye, por el contrario, nos lleva a la esperanza, a un mundo de ensueño, donde su inocencia simplemente termina por enamorarnos.

Fuente: film-grab.com

Ese contraste hace de la película particularmente interesante, por el balance que genera. Las Mansiones de Chungking son un mundo de por sí, donde todo tipo de historias pueden hilarse. Pero al final lo que el director nos trata de decir sutilmente es: «para, ¿no ves lo que puede pasar a tu alrededor?». Con un reloj que nos va guiando a lo largo de la película, nos dice que el tiempo pasa, que las personas pasan. Pero los anaqueles siempre serán reabastecidos. El amor expira pero puede conseguirse de nuevo, como si se tratase de una simple lata de embutidos. Y, quien sabe, tal vez pueda durar para siempre.