En una hora y media, Gerald Kargl nos hunde dentro de la psicología de un psicópata y retrata fielmente el proceso de matar.

Titulada en español como “La angustia del miedo”, es la obra más reconocida de Gerald Kargl.
Titulada en español como “La angustia del miedo”, es la obra más reconocida de Gerald Kargl.

Descubrir cómo funciona la mente de un asesino ha sido uno de los (tantos) objetivos más recurrentes dentro del mundo del cine. A lo largo de su historia, el séptimo arte nos ha dado todo tipo de obras que tratan este tropo, desde el expresionismo alemán hasta las más simplonas que llegan a estar disponibles en los servicios de streaming. Lo inquietante siempre ha sido motivo de curiosidad, lo visceral siempre nos ha llamado la atención: la relación que existe entre las artes y el terror es inseparable. En consecuencia, enumerar las películas que merecen la pena dentro de este género sería una labor extenuante y larga, pero hay algunas que sobreviven al tiempo y merecen ser analizadas o, por lo menos, vistas. Tal es el caso de Angst, una producción austriaca realizada en 1983 por el cineasta Gerald Kargl y protagonizado por Erwin Leder.

La película nos narra la historia y el proceso de un asesinato. Basada en el caso Kniesek, un homicidio múltiple ocurrido en Austria, donde el asesino Werner Kniesek asesinó a tres personas por puro placer, el filme desarrolla un discurso que halla sus raíces en lo más profundo de la mente humana y busca dilucidar cómo es que un asesino piensa. Así pues, encara al espectador a escenas sórdidas y abrumadoras, que tienen como principal virtud un carácter casi natural y documentalista; así como a extensos monólogos donde conocemos al asesino, sus miedos y su pasado.

La introducción de la Angst es digna de de los mejores documentales policiales. En solo diez minutos, resume al protagonista.

A Erwin Leder le toca interpretar a un psicópata y homicida que, tras su liberación, buscará colmar sus deseos de asesinato, su máximo placer, obteniéndolos luego de hallar una casa a las afueras del pueblo donde es liberado —y tras unos previos inconvenientes—. Y no pudo haber desarrollado mejor actuación. La corporalidad con la cual el actor interpreta al protagonista es excelente, aunque a veces caiga en la exageración —licencia que se le da al género—. Su mirada, sus pequeños tics, su andar, su forma de digerir sus alimentos: todo funciona en conjunto para que el asesino que conocemos a lo largo del filme se nos quede impreso en la cabeza. Leder cumple con los requisitos que nosotros, como sociedad, usualmente creemos que son propios de un psicópata.

En tanto a las interpretaciones secundarias, hay algunos fallos, ciertas conveniencias en el guion y algunos pecados más que, sinceramente, no importan tanto, puesto que lo que esta película quiere narrarnos, más allá historia de un asesinato, es cómo se desarrolla un asesinato en sí.

Las virtudes técnicas de Angst

Lo técnico es una de las principales cualidades de este largometraje. Hay varias secuencias que a día de hoy siguen resultando sorprendentes y fantásticas. Existe una ambición en esta película por explotar el lenguaje cinematográfico, tanto en lo visual como en lo sonoro. La mezcla de sonido es espectacular y permite que, aún cerrando los ojos, entiendas lo que está pasando dentro de la pantalla. Además, en el aspecto de los planos, encontramos picados recurrentes, lo cual colabora para que nosotros nos situemos por encima del protagonista y tomas muy cerradas que nos ponen en estado de asfixia.

En esta escena se puede observar el trabajo de la cámara y cómo el director trata a los seres humanos como animales.

He dicho que lo que quiere narrarnos Angst es cómo se desarrolla un asesinato. Por lo tanto, la principal característica de la misma se halla en su tratamiento casi documental. Apenas si hay elipsis; apenas si se desvirtúa el tiempo. Lo acontecido en el filme toma lugar durante una noche y en esa noche nosotros somos testigos y cómplices del autor del crimen. Nosotros vemos cómo, progresivamente, el asesino va erradicando una por una a sus víctimas. Cada asesinato resulta natural, y en ciertos momentos parece que realmente estamos viendo las grabaciones realizadas en un hogar cualquiera.

Sin embargo, más allá de esa virtud, lo que realmente es sobresaliente es que esta naturalidad se conjuga con la actuación de Leder. A diferencia de los usuales asesinos que vemos en la pantalla grande, Leder interpreta a un hombre común, que tiene fallos y que, en lugar de mitificar la figura del psicópata, la animaliza. En este sentido, por momentos, cuando el victimario realiza ciertos comportamientos, más que sentir pavor o miedo, uno puede llegar a sentir incluso lástima y asco, ya que, literalmente, hay escenas donde su comportamiento es similar al de un perro.

En esto la cámara tiene mucho protagonismo. La destreza con la cual se mueve por ciertos ambientes, persiguiendo, acechando al protagonista, es impactante. En ciertos momentos, nos muestra a los otros seres humanos como presas o animales. Esto permite que se convierta en la ventana de un zoológico. Erwin Leder es una bestia y Gerald Kargl su domador.

Angst es una película con un discurso íntimo y profundo sobre la psicología de un asesino serial. Entonces, otra pregunta interesante a formular es ¿qué provoca en su espectador? Aquí puede haber ciertas divisiones, tanto geográficas como temporales, ya que depende mucho de la sensibilidad del espectador. De la misma forma en la cual uno coge una novela del siglo pasado y se ríe ante ciertas costumbres, la sensibilidad de los años 80 puede resultar muy inofensiva para nosotros. Somos una sociedad que convive más que nunca con la muerte, sea en los estados de WhatsApp, los noticieros y otro tipo de medios. Sin embargo, el lugar de esta película está merecido dentro del cine austriaco. Estoy seguro de que uno puede hallar, aún en sus pequeños momentos, angustia.

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