Enmarcar a Dua Saleh dentro de un solo género musical es un error. Cuando sus canciones inician, reina la incertidumbre, pues nunca se sabe que ritmos o rumbos hallaremos en su voz y los instrumentos que la acompañan. Dua Saleh, con su música, crea collages auditivos. Su transición del hip-hop al r&b o el pop punk en cuestión de minutos es natural como rápida. Como si fuese un camaleón, se mimetiza entre diversos géneros y de ellos extrae potentes temas, donde cada uno es una apuesta, un juego de azar. Para escuchar a Dua Saleh, hay que tener el oído ejercitado.

‌Dua Saleh es una cantante sudanesa-americana no-binaria que actualmente reside en Minneapolis | Fuente: Against Giants

Activista social y poeta, separar a la persona del artista es difícil. Su sensibilidad se impregna en sus letras. Rosetta, cuyo título hace honor a una de las próceres del rock tal y como lo conocemos, es una reunión de imágenes y sentimientos potentes. De track a track, el disco nos ofrece diferentes matices y sonidos, que se yuxtaponen y crean una experiencia tan diversa como mixta. Para notarlo, bastan solo unos segundos. Rosetta es un sube y baja de emociones.

Desde cat scratch, el primer tema, hay un sentimiento de fuerza y fiereza que provoca en uno destrozarlo todo. Escribe Saleh en las siguientes líneas: «Feline laughing lightly in the sun / Nails undone / Weigh a ton / Hold a gun / Watch her run». Mientras que en el segundo, umbrellar, a través de un paraguas roto es imposible no sentir el amor y sus sobras, o reconocerse joven de nuevo. «Broken my umbrellar in the storm / Baby said she likes to keep me warm / …Her father owns a factory making corn / Told me that she wasn’t natural born». Aunque las temáticas cambien, el ADN político y social en sus letras se mantiene.

Umbrellar es la canción que más difiere, sonoramente, del universo que Saleh construye en Rosetta.

Esas dos canciones nos introducen al disco rápidamente. Los quince minutos que vendrán serán ecos de este par. Las cuatro canciones restantes que Saleh interpreta se debaten entre la tristeza y furias eventuales. Los beats en smut incitan a incinerarlo todo, a la rebeldía. Windhymn, que tiene toques casi espirituales, es la unión de la cantante con la naturaleza, donde lo prohibido y lo erótico dominan la atmósfera conforme avanzan los segundos, y estallarán en hellbound, pero de una forma macabra. Esto debido a que tanto la letra como la instrumental allí se fusionan en sonidos que nos encarcelan, nos asfixian y, al estilo de Billie Eilish, nos hipnotizan.

Con bankrupt termina este breve proyecto. El temblor del tema anterior produce réplicas en sus tempos. La realidad y la decadencia nublan el ambiente. Es imposible no sentirse desesperanzado y pobre al escuchar una y otra vez la palabra ramen. Y así, en esta nota casi pesimista —o realista, mejor dicho— Dua Saleh finaliza su segundo EP, habiendo construido un universo que cada vez solidifica más su voz. Si con solo seis canciones logra que un proyecto tan breve se sienta tan lleno de texturas y matices, ¿qué pasaría con un álbum? Hay que tener a Dua Saleh en la mira.

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