Quiero Decir Todo de Juancín

En un breve y autoproducido proyecto, a finales de 2019, el jurado de la FMS Argentina coqueteó con ritmos experimentales, en un pop lleno de sintetizadores y succionado por lo digital.

Lo actual es ausente. Amamos lo que no está. Extrañamos juegos de luces, que, ordenados de una u otra manera, proyectan conversaciones, fotos y vídeos que resumen nuestras vidas. Decir que la vida mantiene el romanticismo de hombres y mujeres reunidos para grandes hazañas es una ilusión, una falacia. No es un tema por el cual protestar. Son los tiempos que vivimos. Punto. Sin embargo, muchos artistas son reacios al cambio. Hablan de días que no vivieron o creyeron haber vivido. Las razones son varias y secretas. Tal vez usar palabras como celular, Instagram o Facebook no son tan interesantes como uno cree. Unos pueden llamarle valentía; otros, flojera.

Juan Goldberger abraza esa práctica. Ha encontrado poesía en lo electrónico, sin saturarse necesariamente de ello. No lo usa como un recurso simple. Le da la vuelta y halla interesantes figuras. En los primeros momentos del disco, que dura casi 23 minutos, se autoproclama rey de la silla de su escritorio, afrontando la soledad y los silencios de estar frente a un monitor. Simplemente sobresaliente. No solo acepta la época en la que le ha tocado vivir, sino que la enaltece.

En otras palabras, en Quiero Decir Todo, el juez e impulsor del hip-hop en Argentina está compuesto por cables y señales de wifi. Se enajena y, a diferencia de otros artistas a los que la modernidad les deprime, como Damon Albarn –del cual parece tomar inspiración en temas como Quémenme y Soy Mejor en Persona–, la sustrae, la acomoda en su favor. Ha construido con ella canciones que escapan de lo convencional.

Soy Mejor en Persona, la tercera pista del disco, ejemplifica esto. Allí las ideas del cantautor son resueltas perfectamente. Se explican las dinámicas del amor del siglo XXI. Para él, los dedos de quien ama bailan en la pantalla, cortejan a quien no pueden tocar a través de teclas digitales. El amor se convierte en una brillo, comas, silencios y momentos exactos. “Y si se te corta Internet los segundos duran más, los minutos horas y las horas mucho…”, dice el estribillo. Así, Juancín enmarca a una generación que vive pegada del celular, en la angustia de quererlo todo rápido y que busca lo eterno en lo efímero. Sin duda, la canción que sostiene todo el álbum.

Lamentablemente, la genialidad de esta opaca al resto de tracks. En este proyecto no existe un hilo conductor tan palpable, más allá del género musical. Sí, se exploran las diferentes facetas del cantautor: Quémenme es la locura e irreverencia; La Historia, la ternura; y Obsesivo; la frustración. Pero ninguna de estas cala tanto, pese a que son pegadizas, gracias a sus buenos estribillos. Son pistas donde el autotune se usa correctamente. Juancín no disimula su voz, sino que crea personajes. Y aun así, el proyecto termina de una manera irregular, pero buena.

Al sonar El Capitán, se abandonan los riesgos y se da paso a tres minutos seguros, donde, irónicamente, la indecisión, angustia, traición y madurez inundan el álbum. La historia que Juan Goldberger narra es la de un niño que asesinó al mentor en el que creía haber encontrado un soporte emocional. Es una canción sorprendente y emocionante de principio a fin, puesto que construye una pequeña épica. Sin embargo, esto no maquilla la principal debilidad que antes he mencionado: la falta de unidad y claridad. Porque si bien las canciones funcionan independientemente, al encadenarse no tienen el mismo efecto. Juancín pudo decir solo una cosa magistralmente, pero eligió decir de todo.

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