Orígenes de Sotomayor

Alegría, baile y fusión. El tercer álbum de Sotomayor, duo mexicano integrado por los hermanos Raúl y Paulina Sotomayor, es una fiesta que celebra el aquí y el ahora.

Beats. Movimiento. Sensualidad. Las primeras ideas que surgen en mi mente se mezclan rápidamente al escuchar el nuevo y tercer disco de Sotomayor: Orígenes. Como si se tratase de un cuadro hecho de acuarelas, noto cómo diversos géneros musicales conviven y se fusionan en la instrumentación conforme avanzan los segundos. Imposible encasillar este trabajo únicamente en un tipo de música. El álbum muta cuando uno menos se lo espera. Sin embargo, sigue un orden. Con sus vaivenes, sus explosiones y sus pausas, está estructurado de tal manera que refleja el sentirse dentro de una gran celebración.

La algarabía inicia con Nunca es Tarde. Los ritmos, que tienen algo de cumbia, decoran rápidamente los parlantes, ya que —cabe señalarlo— este proyecto no se ha hecho para escucharlo en la soledad. Se necesita de la puesta de escena, de las reverberaciones. No hay pretensiones, es honesto. La voz de Paulina Sotomayor se impone. Y mientras suena, uno nota que el disco ignora y reniega de lo estático. Los pies se mueven. Las manos tratan de seguir la instrumental. Inició la fiesta. Termina entonces el primer track. Se da inicio a Lo Que tú Quieres de Mí, que tiene algo de reguetón y prosigue con esta narrativa que deja de lado lo inerte y estéril. Perrear. Simplemente eso. “Tó tó tó lo que quieres de mí/ Es tó tó tó lo que tu quieres tener”. La letra habla por si sola.

Esta manera de componer y lograr ritmos para pegar los cuerpos se repite en Tu Cuerpo y el Mío y Sin Control. Los títulos de ambas pistas de por sí nos incitan a dejar de lado las corbatas, los trajes y la monotonía. Solo existe el presente en estas canciones. “Tu cuerpo y el mío/ llenando el vacío/ es la forma/ de quitarnos el frío”. “Beso a beso/ entras en mi pecho/ cada segundo/ nos disolvemos”. Imposible no bailar. El calor de las frases que suelta Paulina merecen ser acompañados de nuestros pasos y ¿por qué no? unas bebidas.

Entonces, un descanso, una pausa. Quema. Un tema un poco más introspectivo, que evoca a Latinoamérica. Se palpa el toque de Visitante de Calle 13, encargado de la producción del disco. Despierta. Una alarma. Los sintetizadores. Cumbia. Electrónica. Es una canción llena de alegría. No se piensa. Solo importa fluir. Luego, Esta vez. Las cuerdas del inicio comprimen una mística. Lo andino se siente. Existe la magia. La figura de las olas de nuevo aparecen y Paulina se convierte en una diosa. “A veces me quito la ropa con risa nerviosa/ Sin fondo y con prisa es la brisa la que me da la forma”. Uno de las mejores momentos del álbum. Tal vez la más universal del mismo. La calma de la fiesta. Su sensualidad también.

Por ello, para volver a la pista de baile, los hermanos Sotomayor regresan con Menéate Pa’ Mí. Una sucesión de beats que lo llevan a uno a mover las caderas, saltar y disfrutar. Simplemente es la celebración del aquí y el ahora, como todo el disco en sí. ¿Qué más? La felicidad. El optimismo de Latin History Month es simplemente acogedor. Aunque la letra hable del coraje, lo hace forma en la cual se realiza permite que el espíritu se llene de un tipo sutil de alegría y se conforme. Y, por último, Ella, una canción que tiene pizcas de trap. Su letra: algo simple, pero que funciona perfectamente para que la fiesta acabe. Porque, aunque no puedo decir que es un disco para todos los oídos, es uno que habla de nosotros y nos celebra. Solo basta olvidarlo todo, sentir el presente y atreverse a bailar.

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