Man Alive! de King Krule

El tercer álbum de King Krule nos lleva a un mundo íntimo, sucio y necesitado. Sea describiendo la violencia de su infancia o la dependencia de su adultez, el artista inglés nos demuestra por qué es uno de los nombres más importantes del panorama musical actual.

14 pistas. 42 minutos. La figura deformada de un hombre en la portada. Rojo. Negro. El mundo de Archy Marshall es lo lúgubre, lo hosco y lo furtivo. Sus canciones son la soledad que nos incendia, una noche bañada en licor, una tristeza. Resulta casi imposible escucharlo y no cambiar el semblante. La voz de King Krule tiene un carácter bien definido, rasgos que lo enmarcan dentro del post-punk, manteniendo un estilo netamente británico, pero fresco —e incluso atemporal—. Krule ha acostumbrado a sus fanáticos a la nostalgia y melancolía, sea en los tintes de jazz que suele imprimir dentro de algunos de sus temas o lo grave de su voz. Por ello, no es sorprendente que en Man Alive! el cantautor nos sucumba dentro de un mundo nocturno y angustiante, que destroza, destierra y desmiembra. 

Cellular da comienzo a este largo crepúsculo, que parece extraído del imaginario de Lynch. Aquí el británico nos narra un proceso de enajenación. Una mujer que sale de la televisión (aparato presente a lo largo del álbum). Se intercalan las unas a las otras, una serie de imágenes y sonidos que rondan lo onírico y digital. Drogas. Alucinaciones. Los golpes del bajo, tan característico en la música de Marshall, que se sienten más bien como latidos. «Me hundo cada vez más», dice una voz en español. Ella duerme en su mano y él se abandona en la voz de su cabeza. El amor lo consume. Telefonea a su ex-novia. Estamos en un mundo de necesidades que se aglutinan, en una esfera de locura y excesos. Luego, suena Supermarché, que condensa en su instrumentación el horror y lo tétrico. Niebla. Claroscuros. Los gritos que suelta Krule, poco a poco, se apoderan de su persona. Lo ahogan en un estado de paranoia, hasta que Stoned Again explota. Un relato citadino del Londres donde creció. La suciedad de la calle se siente en su lírica. Patines. Cubetas de KFC. Persecuciones. El humo de la marihuana. Los lamentos son honestos como aterradores. El cantante se consuela en la persona que ama, la cual es tan o más adictiva que la droga que consume. Tal vez el momento donde más se siente la furia del artista. Una de las mejores.

Entonces, para proseguir con los recuerdos de Stoned AgainComet Face se ensambla. Los primeros segundos simulan el batir de las alas de las moscas. Todo suena pútrido y misterioso. Marshall habla de su infancia, que se configura como mundo lleno de sustancias ilícitas, donde predomina la ley del más fuerte. El sobreviviente es el más ágil. El bajo, como siempre, destaca a lo largo de la pista. La guitarra es casi imperceptible, pero necesaria. El saxofón, un deleite que adorna correctamente la segunda mitad del tema. 

Hasta aquí, todo ha sido un collage de recuerdos y convulsiones. Sin embargo, a partir del quinto track, el proyecto adquirirá un tono más melancólico e incluso depresivo. La segunda parte del álbum empieza The Dream, una pausa del agobio producido por las primeras canciones, que sirve más bien a modo de interludio e incluso puede llegar a ser anodina. A esta le sigue Perfecto Miserable, la epítome de un hombre devastado. Una relación tóxica lo forma como ser humano. Los sentimientos de Archy rondan lo fármaco-dependiente. «Tú eres lo único que permite que la vida valga la pena». El hombre está aislado, comprimido y roto. Por lo cual, para proseguir esta narrativa, en Slinky y Airport Antenatal Airplane, el inglés ahondará más en estos conceptos. Dentro de las letras, el distanciamiento físico y, en cierto sentido, espiritual provoca que los segundos se impregnen de azules. «Mira, no he visto a otra persona por días, tú eres la única que sostiene mi mirada». «El pasaporte en mi bolsillo se hace viejo. Siente el peso del mundo disolverse. Todos ustedes lucen tan pequeños desde aquí arriba». No hay esperanza.

Todo es un vórtice. Una y otra vez, los instrumentos llorarán hasta que finalice el proyecto. La fuerza de primeros minutos ha sido calcinada. Como si se tratase de una borrachera, cada vez se toca más fondo. (Don’t Let the Dragon) Draag On. Un agobio. «¿Cuántos golpes puede aguantar un vagabundo? ¿Cuantas cosas puede hacer un niño? Me encierro en mi edredón». El mundo pasa, Marshall está inerte. Theme for the Cross. Bello. Simple. La melancolía de un mundo distópico donde las guerras nos dominan. Underclass, la historia de un amor agrietado en la miseria. Energy Fleets, la triste ironía de la vida que ahoga a Krule. Please Complete Thee, una sucesión de luces y desastres. «Este lugar no me mueve, todo constantemente me decepciona. Chica, por favor complétame». El mundo al que tanto le teme el artista está afuera. Nosotros lo habitamos. Se consume. Sin embargo, tal vez como un mensaje optimista, al finalizar el último track suenan acordes un poco más dulces. Otro día nace. La tranquilidad viene con ello. Pero volverá a anochecer.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Perfiles en Redes Sociales