KiCk i es Arca en un estado de plenitud. Es un disco que se despide de lo visceral y sangriento de su álbum homónimo de 2017, donde interpretaba canciones llenas de tristeza, vergüenza y fragilidad, para dar paso a uno donde se celebra a sí misma, al amor y el presente. Experimental. Es imposible que la compositora se desprenda de aquella palabra. Sus canciones son un limbo. Nunca sabes que tan desgarradoras o rebeldes pueden ser, pero son, al fin y al cabo, una belleza.

Alejandra Ghersi atravesó en los últimos años un proceso de transición que ha configurado su forma de crear música. | Fuente: Binaural

En este nuevo conjunto de doce temas, Arca ha jugado con diversos géneros musicales a su modo. Intrépida, irrepetible. La música que ella saca de su alma en esta ocasión ha adoptado tonos más accesibles. Intención que se evidencia en tracks como Time, KLK o Machote, donde las sutilezas quedan atrás y solo existe el goce, e incluso hay espacio para lanzar bangers.

El disco es una celebración de la identidad, de la fuerza. Desde la primera canción, Nonbinary, Arca rompe los esquemas, adquiere una seguridad sorprendente. En una mezcla de pop y electrónica, que incluso cuenta con una pequeña porción de hip-hop, la cantante refuerza la idea de los distintos ánimos y estados que cada uno poseemos dentro de nosotros. «Quería introducir los estados múltiples del ser», dijo a Apple Music. Luego sigue Time, una canción llena de campanas, reverberaciones y mucho presente, que celebra el aquí y el ahora. Arca protagoniza un tema con rezagos de los 80, pero bien aterrizado a estos años. «Pensaba en Kylie y Madonna, en esos sintetizadores que parecen que suenan de los más gay de un mundo hermoso», confesó también a Apple Music. Y cómo no, por unos segundos logra un estado de ensueño.

Alejandra Ghersi en este último álbum ha reinterpretado la música latina.

Este par de canciones ponen cierto mood al proyecto. A partir de aquí, se revela la seguridad de la venezolana. Llegarán Mequetrefe, Riquiquí, KLK y La Chíqui, en las cuales encontramos a la Arca más confiada y más fuerte que recuerdo haber escuchado. Mezcla su universo con lo latino. Puede menearlo todo, saberse triunfadora de sus logros al lado de Rosalía o recordar su natal Venezuela a través de sus ritmos. Arca, en su búsqueda de la identidad y su celebración, deconstruye el reggaetón y nos ofrece piezas inauditas como increíbles. Escuchar Mequetrefe y ser latino es una experiencia casi única, que abre las puertas a jugar más con lo que se puede lograr con sus ritmos. Además, aunque muchas de este grupo de canciones se centren en el movimiento, Alejandra no deja de construir figuras hermosas como la que escuchamos en Riquiquí: «rosa blanca de metal», un simbolismo con mucho trasfondo y, principalmente, poder, que puede extrapolar la transición por el cual ha atravesado la productora.

El amor también ocupa un gran espacio dentro del álbum. Sin embargo, aunque las canciones adopten colores azules, Arca no habla desde el sufrimiento, sino desde la satisfacción. Así pues, construye baladas excepcionales para su pareja Carlos, quien la ama por quién es y cómo es. En Calor —que pienso que es un juego de palabras—, encontramos una canción de amor plena y redonda, un agradecimiento, una sinceridad. En Afterwards, donde se une a Björk, quien da vida a unos hermosos versos de Machado, un retrato de supervivencia, de haber llegado a la mañana en la cual se sanan las heridas de la noche anterior. Y en No queda nada, un engaño que por el título nos lleva a pensar en cenizas cuando late en realidad un fuego potente, donde el amor es clímax constante.

Nonbinary nos dice que no temamos ser quienes somos a nuestra manera.

Hay otro tipo de canciones donde hay fiereza, locura, y simplemente movimiento: Rip the Slit y Watch. Partes netamente electrónicas, donde los fanáticos de Arca quedarán satisfechos, pero donde también hay cierto sentido de repetición y no terminan de cerrar. Y luego encontramos a Machote, tal vez la canción más pop que haya escuchado por parte de la venezolana, quien le canta a un hombre, expresándole sus deseos de forma sincera y decidida. Como ella dice, es un cover de Latin Dream, cambiando los géneros y abreviando ciertas partes. En sí, es un regalo a ella misma, que de adolescente buscaba música que la represente y que, estoy seguro, encontrará muchos escuchas que se sientan enmarcados dentro de sus versos en la actualidad.

KiCk i es la primera parte de una serie de discos que viene preparando Alejandra Ghersi. No abandona la experimentación y ha logrado un balance correcto entre sus vocales y los sonidos que genera. En este primer paso de una nueva carrera ya evidenciamos una clara seguridad y plenitud. Por lo tanto, espero expectante lo que viene. Ya no hay vergüenzas ni tristezas, hay orgullo y sinceridad. La rosa blanca de metal ha florecido.

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