Feroza de Feli Colina

La artista de Salta, Argentina, nos regaló en 2019 un álbum en el que realiza un viaje íntimo y personal sobre el amor. Producido en la mítica Abbey Road, este proyecto, que gana mucho en su aspecto teatral, nos enseña a una de las mejores voces contemporáneas del país sureño.

El corazón es violento cuando entra en amor. Frente a quienes admiramos o amamos, nuestros latidos se envuelven en revoluciones incesantes. Amar es un rito, una ceremonia, un exorcismo, no es simplemente una pasión falsamente edulcorada por la sociedad. Y, aunque conocemos diversas formas de amar, la de pareja es la más común. Su existencia nos hace infelices o dichosos. Dependiendo de la persona, nos sucumbe en las más triste soledad o la compañía más dulce.

Estos polos del amor son explorados ferozmente en Feroza, el segundo álbum de estudio de la cantante salteña (Argentina), Feli Colina. En esta producción de 2019, que posee 10 canciones, coexisten la desesperación, la ternura, la locura y la esperanza. A través de 37 minutos, las percusiones, guitarras y pianos nos entregan una historia íntima y femenina.

Desde la introducción existe una sensación de misterio y tristeza. Palabras —que lamentablemente no entiendo— forman un poema que se disuelven en Sagitario, una canción que establece que la principal antagonista de Feli es ella misma. Las inseguridades se bifurcan en la letra. “Estoy hecha del plástico que habito/ Me veo subestimando la belleza de lo simple”, dice la cantautora, que en los últimos minutos se embarca en una historia de amor donde simplemente es un niño ante la inmensidad, una figura débil y debilitada por el exterior.

Luego Martes. El piano cobra fuerza. Hay ciertos aspectos lúgubres. La guitarra, con tintes progresivos, se combina perfectamente con algunos gritos. Al acabar el primer minuto, ha entrado en un estado hipnótico. Así pues, cuando la instrumentación se aliviana, la artista entra en un estado de libertad. “Vas a ver que al final/ Sos vos el que no pudo verme”. Mentira. Los instrumentos la atrapan. Golpes, gritos. Parece que no cantará, cuando de pronto su voz inicia, adquiere un color fuerte y profundo. “Una melodía que al salir de mí/ me deje tranquila”. Los notas, que adquieren espectros tribales, forman una especie de ritual. “Cuantas veces tengo que escuchar/ Todos lo pueden ver, sos el amor de mi vida”. Está encapsulada, aprisionada, comprimida.

Entonces Oscura. La fragilidad. Los miedos. El amor no es un ideal, sino una necesidad. “Sé que tenerte cerca y escucharte respirar/ Podría provocar que me desarme una vez más”. Existe un sentido casi religioso, un tipo de asfixia. Uno de los mejores temas del discos, que cuando estalla, en el tramo final, está orquestado por unas cuerdas que hacen que la voz de la protagonista se bañe en una furia sobresaliente y un estado que borda la locura. “Amor, lo que vez de luz/ lo tengo de oscura”. Una genialidad, donde Feli inicia un proceso de liberación que se intuye en la risa final que suelta.

De Dónde Salió Todo Eso? La sexta producción del disco es más bien un discurso, un llamado de atención. Visceral. Furiosa. Despechada. La teatralidad del track lo hace un deleite. Despierta. Sale de la caja. Rompe la cuarta pared. Revienta el micrófono. Revienta el corazón.

Al finalizar la furia, prosiguen canciones que reflexionan de lo vivido a través de los minutos anteriores. TiempoSusurrito y Chimi. «Poco a poco fui entendiendo/ Que más que amor/ Busco un disparador que me lo produzca dentro». «¿No ves? Al final este amor era vanidad pura/ Que nos enamoró nuestra propia hermosura». «Si con mirarte supe que me hablabas/ Un manantial, todo lo que no sabía que me hacía falta». Las letras son desgarradoras, pero dulces, una mezcla suave y taciturna. Una melancolía propia de los finales de verano.

El disco, sin embargo, termina en una nota más optimista. Luego del exorcismo del amor, Feli nos regala una canción más alegre, festiva. Ha crecido. “Vas a verme caer para resurgir desde cero”, canta. El corazón ha dejado de latir con fuerza y dolor. Ahora solo late y vive.

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