Clockdust de Rustin Man

Pausa, nostalgia, confinamiento y melancolía. Un trabajo donde Paul Webb nos demuestra que su carrera como solista va por buen camino.

La faceta solista del exbajista de Talk Talk, Paul Webb, me impresiona. Luego de que el año pasado haya publicado Drift Code, hace solo unos días (20 de marzo) ha estrenado Clockdust, que, al igual que su antecesor, mantiene un espíritu personal, nostálgico y atardecido. Es fácil sumergirse en este álbum. Sus personajes nos atrapan en una atmósfera que simula una caja musical. Todo en este proyecto persiste en un estado de confinamiento. La portada, anochecida por un verde enfermizo, nos augura un mundo melancólico. Sus personajes son pantomimas, seres enigmáticos, que en las canciones de este disco, nos narran historias de resignación y esperanzas falaces: un sueño de porcelana a punto de ser roto.

Desde el primer segundo es obvio que para construir este álbum, que dura 40 minutos, se necesita una voz taciturna y azulada. La de Rustin parece extraída de una época que no nos pertenece. Parece atrapada en el tiempo, como en una bola de cristal. Por ello, cuando suena Carousel Days, existe un sentimiento de angustia y desolación. Pobreza, cansancio, pérdida y amor. Los ingredientes que se esparcen en este primer corte serán los que estarán presente a lo largo de las nueve canciones. «Carousel days, seemed like forever / When we all sailed the breeze / California way / Where the air was warm and sweet». La noche ha llegado.

Gold & Tinsel. La voz desgastada y la simpleza de la guitarra nos seducen. La historia nos pone al héroe dentro de un mundo lleno de polvo. Una canción correcta, con acompañamientos que la hacen hipnótica, pero que no destaca como lo hará Jackie’s Room, donde Webb explora la sexualidad y la condición de encierro de una prostituta. Cada verso esculpe un triste recuadro. «She sways in her mirror / Cornered in her velvet room / Cornered by your eyes that follow / Liberating older love, It feels so good to you». A continuación, en Love Turns Her On los roles cambian. El contraste es perfecto. Un hombre ahora forma parte del abanico de juguetes. Los celos lo devoran. ¿Dónde dormiste anoche? ¿Soy el idiota o el payaso? Las diatribas se incineran gracias a los instrumentos.

Entonces, entramos en una pausa. Intempestiva pero suavemente inicia Rubicon Song, una canción sin letras que tiene toques oníricos, con voces que a uno lo encapsulan. La mitad del disco así finaliza para darle paso a Old Flamingo, una secuencia de notas tristes, donde un miserable busca desesperadamente la aceptación. Los elementos se confunden en un hermoso sinsentido. Atrapada, pero con un estribillo tan liberador, esta canción reluce por la voz de Webb.

Luego, en Kinky Living —un título explícito— el disco nos lleva de nuevo por el mundo de la prostitución. La narración, sin tapujos, nos habla de un meretriz y un hombre que vacila entre escogerla o no. «There’s a discrete woman / selling herself down the river». Se exponen claramente los cuerpos y mentes de sus títeres. «Dig in your hells and he’ll ride / There’s a natural pleasure to pain / Let him pay out in his moment of doubt / Before his fall consciousness can regain». El estribillo es el clímax, la unión de los cuerpos y la finalización de la transacción, tanto en la letra como en la explosión de los instrumentos. 

Luego, en Night in Evening City el álbum nos aprisiona en la ciudad. Las percusiones simulan el crepúsculo. Todo adquiere una tonalidad gris y bohemia. Existe el misterio. Nos consumimos en la humedad de las calles. Los destellos de los autos suenan a través de los tambores. «Fighting for my people», repite varias veces Webb. Se manifiestan los motores y la lluvia; Sobrevive la voz. El track más largo, el más interesante, el más liberador.

Por último, Man with a Remedy, una explosión con la cual el disco amanece. Estridencia, coros, guitarras fuertes. Todo esclarece, pero la fiesta de los excesos y la melancolía prosigue. «We’ve gone too far too really care». El disco así termina el confinamiento y deja que los muñecos de porcelana salgan.

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