Changes de Justin Bieber

El quinto álbum del ídolo juvenil llega luego de cinco años, con toques de R&B y letras que no llegan a cumplir las expectativas de un trabajo más maduro.

¿Realmente existe un cambio en Changes? Resulta paradigmático y anecdótico el articular la frase. El último álbum de Justin Bieber, que buscaba sorprender a sus fanáticos, es simplemente una secuencia errada de canciones que tienen como principal motor la confesión de deseos desenfrenados y poco maduros. Pienso: de haber salido cinco años atrás, tal vez hubiese tenido una mayor acogida. Al fin y al cabo, gran parte de su música se fundamenta en su estado de ánimo y los turbios capítulos de su vida. Pero ahora el niño es un adulto. Está casado. Ya sus mejores días han pasado.

En este disco, lo primero que resalta es la forma en la cual el canadiense quiere adaptarse a los estándares actuales de la industria. Pero Bieber no es Picasso. No sabe cómo hurtar. La influencia del R&B se nota en cada uno de los tracks. Por lo cual, el proyecto se siente plástico. Parece que Justin ha escuchado a Khalid y se ha dejado llevar por el éxito de Drake. Sin embargo, replicar no es suficiente. Si bien algunos estribillos que adornan el álbum son brutales, el contenido es llano.

Ese es el principal defecto de este trabajo. No hay identidad. Todo es una fórmula. Es una balacera de coros que se pelean por querer ser repetidos. Muchas veces, simplemente aburren.

No hay una dirección hacia donde apuntar. Al llegar a la mitad del proyecto ya es agobiante seguir escuchando. El contenido lírico es simple. En su mayoría son letras de amor. Sin embargo, no se siente íntimo. No es personal. Para ser un disco que quiere proponer un cambio, se siente demasiado seguro. Censura. Es como si hubiese miedo a confesar más —lo cual, dicho sea de paso, tampoco es sinónimo de éxito—.

¿Pero realmente queremos un álbum vanguardista por parte de Justin Bieber? En artistas como Billie Eilish, Lady Gaga o Carly Rae Jepsen, hemos podido ver lo lejos que el pop puede llegar. Por lo cual, esperar un cambio en el paradigma de la gran industria musical norteamericana era una esperanza. Y solo puedo decir que me equivoqué. Todo es como antes. No hay cambios. Y hasta duele. Me gustaría que Bieber demostrase que realmente ha crecido, más allá de su estética rebelde.

Aun así, hay ciertas canciones que deben ser rescatadas. HabitualForeverE.T.A. y Changes. En ellas conocemos a un Justin frágil, que se desnuda, que, aun en su simpleza, haya un espacio para lograr buenos ritmos. Porque el resto es únicamente una sucesión de sonidos que ni siquiera usan bien a sus invitados. El mayor ejemplo de esto es Second Emotion, donde Travis Scott, uno de los nombres más importantes en el mundo de la música, es incluido pésimamente. Las letras y los beats fallan en esta obra constantemente. ¿Otro ejemplo? Yummy, que sí, es divertida. Un hit a la antigua.

Al final del día, Changes es un proyecto sin identidad. Lo pondría para que los niños se alegren, para mi hermana menor, que usualmente corre con música vacía, se distraiga o como cortina mientras cambio a Disney Channel. Y, aún así, no puedo evitar decir que me gusta.

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