Suricatas en Ica

Guerras jocosas

Esta suricata, en lugar de criticar los memes sobre la posible Tercera Guerra Mundial, los ve como una muestra de cómo las personas ejercen su derecho a expresarse libremente.

Dos días atrás, el 3 de enero de 2019, el hemisferio occidental del mundo se levantó con la noticia de las posibilidades de una nueva guerra mundial, que, conforme avanzan las horas se mantiene en un sentido ambivalente. El motivo: el asesinato del mayor general Qalei Soleimani por orden de los Estados Unidos de Norteamérica. Los paralelismos con Francisco Fernando, archiduque de Austria-Este, algo errados, son al menos risibles. “¿Cómo la muerte de un hombre podría iniciar una guerra?”, comentaban algunos desafortunados ignorantes.

Noticia mundial. De suma importancia. Informes en canales nacionales. Teorías de todo tipo. Politólogos, analistas, profetas dando sus opiniones. Sin embargo, la seriedad de este acontecimiento en internet se diluyó. Supongo que los antropólogos o sociólogos encontrarán diversas respuestas conforme pasen los años y las universidades estudien el caso. El letargo que sentimos, el sinsentido que la vida, los cambios comunicacionales. Miles de teorías más. Tesis de licenciatura. Economía de la comunicación.

Pensamos que el ahora es una anomalía en el tiempo, pero creo que tenemos esa idea porque nuestra percepción del pasado es muy pulcra. Al pretérito pertenecen las pasiones expresadas en poesía, los largos testamentos, las tertulias, los grandes teatros. Hemos idealizado todo. Hemos dibujado pinturas barrocas de los tiempos anteriores. Además, está comprobado que nuestras mentes guardan del pasado únicamente los mejores recuerdos.

Pero casi cien años atrás los soldados de la Segunda Guerra Mundial marchaban. Fueron protagonistas de historias miserables. Rostros en pena, bajo las trincheras, suplicándole a un Dios que tal vez no exista, muriendo. El entregar la vida por una nación, tal vez, desde mi sesgada mirada del siglo XXI me parece absurdo. Ningún hombre debería morir o matar en nombre de unos ideales tan difusos como lo son unos simples colores. El nacionalismo enajena al hombre, lo sustrae de su identidad. Es un sinsentido.

Y supongo que, desde el sentido contrario, tomarían como absurdo el humor que muchas personas de mi generación (incluso mayores o menores, por qué no) desataron en Twitter e Instagram. Memes por todos lados. Referencias a varias películas, series de televisión, novelas mexicana. Todo es posible en épocas digitales.

El humor como forma de afrontar la vida me parece de los actos más loables del mundo. Cualquier tragedia puede ser reducida con unas risas. A algunos la risa les parece trivial o positiva. A otros, censurable. Los comentarios dependen de la postura en la cual uno se ubique. Sin embargo, la moralidad de los mismos no tienen importancia: simplemente existen.

Y yo imagino que no somos la generación más insensible de la historia. No creo que seamos necesariamente la más solitaria. Pero somos la primera generación de seres humanos que pueden ser estudiados con mayor facilidad. Nuestras vidas están reducidas en unos y ceros. En las máquinas modernas nuestros datos pueden ser almacenados e interpretados.

Que la supuesta guerra mundial haya sido tendencia en Twitter no es culpa de la superficialidad de estos tiempos, no es un presagio de los peores días de la especie. Peores cosas se hacen hoy como para tomar internet tan seriamente. Los comentarios cómicos entorno a esta nueva pugna son solo la prueba de que la humanidad es plural.

Imagino un soldado en la Segunda Guerra Mundial eructando, cagándose en Hitler o Churchill. Tal vez crearía una ficción más que peculiar sobre ellos, teniéndolos de amantes. Seguramente realizaría miles de obscenidades más con sus nombres. Pero aquel ser humano guardaba esas opiniones en una libreta o en conversaciones, donde podía escuchar ecos de sus creencias. No había forma de que todo el planeta lo observara en cuestión de segundos.

«Porque nunca se gana una batalla dijo. Ni siquiera se libran. El campo de batalla solamente revela al hombre su propia estupidez y desesperación, y la victoria es una ilusión de filósofos e imbéciles». -El sonido y la furia

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