Arpegio

Igor de Tyler, the Creator

Este año Tyler, the Creator publicó Igor, su proyecto musical más ambicioso. En este, se evidencia una madurez musical y artística que lo hacen merecedor del mejor álbum de 2019.

Las buenas historias de amor siempre han conmovido a la humanidad. Pienso en Cleopatra y Antonio; Romeo y Julieta; y Tristán e Isolda. Pienso también Lost in TranslationCasablanca o Big Fish. Tantos matices, distintos autores, épocas variadas. El amor es, sin duda alguna, uno de los tópicos más humanos que existe y de los cuales más se ha producido en nuestra historia como especie. Recuerdo también muchas canciones, porque la música y el amor siempre han convivido. Desde las primeras sinfónicas hasta los bailes más obscenos, los seres humanos nos consumimos en este sentimiento tan fuerte y pasional como la guerra.

Es muy fácil estructurar una historia de amor. Personaje A desea a personaje B; y para cumplir esa ambición afrontará tribulaciones que finalizarán en un resultado positivo o negativo para este. Sin embargo, el escribir una gran narración de este tipo requiere de talento, técnica y corazón. Miles lo intentan, pocos lo logran. Igor, el sexto álbum de Tyler, the Creator, una de las voces del hip-hop más importantes y creativas de la última década en la industria musical, es de aquellas pocas obras que lo consiguen. Esta compuesta por 12 canciones que, a través de melodías tiernas y momentos bruscos como frágiles, nos sumergen en un mundo donde el enamorarse es un proceso desgarrador, que amalgama la dependencia, la ilusión, la superación y el despecho. Es un álbum que habla de la metamorfosis que causa el amor, donde el enamorado es un monstruo consumido por este sentimiento —tomando en cuenta los paralelismos que existe con el cine de terror hollywoodense— y cómo, paulatinamente, emerge de ese vórtice ‘sanado’.

La principal virtud del proyecto es la coherencia que mantiene a lo largo de los 40 minutos que dura. La introducción es simplemente fantástica. Tyler comete el atrevimiento de iniciar con un acorde que dura 24 segundos hasta que la caja de ritmos suena, preparándonos para lo que será su nueva y monstruosacreación. La atmósfera con la cual el álbum comienza sofoca. Es lúgubre, tenebrosa. «Allí viene», una pequeña voz en el fondo reza. Igor está aquí.

En Earfquake, la canción que comienza una vez terminada la operación de laboratorio, encontramos el momento más icónico del todo el álbum. “No te vayas, es mi culpa. Te necesito”, canta Tyler. Existe una división de intereses, un problema. Igor y la persona que idealiza, la cual, a lo largo del disco, se identificará como un hombre, están separados, tienen intereses opuestos. Así pues, se intuye la dependencia que el protagonista siente por la persona que ama. Está sujetado. No lo puede procesar bien. A continuación, I Think sacude sus sentidos. Igor, en ese momento, está enamorándose. No, no hay regreso. Acepta su miserable condición. «Necesito tu atención. Soy tu marioneta, tú eres Jim Henson», proclama al minuto y medio, entre melodías que se yuxtaponen con las letras del track. «Creo que estoy enamorándome, esta vez creo que es de verdad». Tyler concibe un panorama donde el el amor y el sufrimiento son sinónimos para terminar con un skit que estipula que: “Exactamente de lo que estás escapando es lo que terminas consiguiendo”.

Running out of Time suena después. Es la pista más acaramelada del disco. «Estoy agotando los hechizos para hacer que me ames», pronuncia Igor, que se da cuenta que conseguir a la persona que ama es imposible. Sin embargo, sigue idealizándola. En consecuencia, cree ser dueño de la verdad. Se ciega y le exige: «Quítate la máscara, necesito que ella esté fuera de esta situación». Pero no hay respuesta. Los celos se impregnan en instrumentales edulcorados, frutos de una producción meticulosa, que se difuminarán en la aspereza de New Magic Wand. «Vi esa foto, te veías alegre/ Mis ojos están llenos de celos/ Necesito hacer que se largue/ Ella arruina mi vista/ Ella no es como nosotros», son los primeros versos de la sexta canción del disco. Es la etapa donde los deseos se confunden con la violencia. Aquí, el monstruo de Igor’s theme se libra. La ira toma el protagonismo. Igor se cansa de ser sólo un accesorio, quiere ser el único.

A Boy is a Gun evoca un filme policial. El soul se mezcla con el hip-hop perfectamente en esta pieza. Las cuitas de Igor persisten. ¿Realmente merece la pena amar a quien ama? “Quítate la capucha, ¿por qué ocultas tu cara de mí?/ Decídete, estoy harto de esperar pacientemente”, reclama. Sin embargo, habla desde el egoísmo y el rencor. Así que, poco a poco, el protagonista del álbum toma conciencia de su sufrir, ocasionando que en Puppet, la octava canción del record, se sincere. Allí, confiesa que daría todo por una persona que hasta entonces lo ha dejado en segundo plano: cariño, dinero e incluso irse al carajo por él. Pero madura y, al final, mientras la canción se diluye, aparece Kanye West como una figura paterna y protectora (como si se tratase de Dios, irónicamente). Le dice: “Estás perdido, hijo, e intentas volver a mí”.

Puppet entonces es un pequeño descanso, que finalizará con What’s Good, una canción dividida en dos, donde duerme Igor y despierta un Tyler lleno de confianza, que fluye en el instrumental, junto a Slowthai, un rapero inglés que tranquilamente pudo haber sido integrante de Odd Future cuando la agrupación todavía seguía activa. What’s Good es Tyler su faceta más reconocible, el más seguro, el que arroja bangers. Es el momento en el que se produce la ruptura del ideal. “Veo la luz”, repite constantemente.

Luego de aquella pequeña efervescencia, el disco entra en su etapa final. Una triada de temas ocupan el espectro. Todos tratan la superación y el despecho. Gone, Gonge/ Thank You es el primero de ellos. Es un cambio de temporada y matices en la vida de Igor. Aquí, los celos, una vez disipados, dan paso al perdón y la calma. Aunque, eso sí, en la letra se evidencian reminiscencias de lo sufrido. En Gone, Gone se lee: “Sin importar si hay lluvia o sol, sé que estoy bien por ahora/ Mi amor se marchó, mi amor se marchó/ Mi amor se marchó, oh, se marchó/ O quizá es sólo es un sueño del cual no puedo despertar”, mientras que, en Thank You: “Gracias por tu amor/ Gracias por la alegría/ Pero no quiero enamorarme de nuevo”.

En I don’t love you Anymore, la idea de superación se mantiene. Igor repite una y otra vez que ya no ama a la persona por la que atravesó este viaje de 40 minutos. No obstante, esta funciona mejor como un puente que da paso a Are We Still Friends?, una pieza maravillosa que, con los arreglos Jack White en la guitarra, libera momentos simplemente desgarradores. En esta última, existe la sospecha de que Igor todavía ama a quien tanto dolor le causó. La pregunta “¿todavía podemos ser amigos?” es una ambivalencia que nosotros, como escuchas, también hemos afrontado en algún momento. La respuesta depende de cada uno, ya que exactamente de lo que uno escapa es precisamente lo que uno está buscando.

Al apagarse las luces

Luego del sismo del álbum, algunas preguntas quedan pendiente: ¿Somos o no somos Igor? ¿Qué es lo que amor hace de nosotros? ¿Quién es realmente Igor? La identidad es uno de los temas que afronta el disco paralelamente a la temática del amor. La exploración de este personaje, en la promoción del álbum, sirvió para que Tyler escondiese todas sus facciones y nos regalase su versión más glamurosa. La existencia del mismo está delimitada por las acciones y las decisiones de otro. Igor existe gracias a la dependencia que mantiene hacia su ser amado, porque cree firmemente que su vida carece de sentido sin ese componente. Así pues, se llega a lo monstruoso. A los deseos más íntimos y fieros. Y si la realidad no se ajusta a sus deseos de Igor, entonces el mundo que habita está mal. En este sentido, la máscara también aparece en el proyecto como un instrumento que oculta la verdad. Igor le reclama al ser amado se la quite en más de una ocasión. Pero ¿quién realmente está ocultándose bajo una peluca y unos lentes de sol?

Igor es un espejo que nos muestra nuestro egoísmo y orgullo. Su gran instrumentación genera momentos espectaculares. No son pocos. En Earfquake, “Don’t leave, it’s my fault”; en I Think, “How can I tell you?”; en a Boy is a Gun, “No, don’t shoot me down”; en Gone, Gone, “My love is gone”; y en Are We Still friends?, la misma expresión. Todo esto confirma la virtud que posee Tyler para crear paisajes y narraciones con su música, ya que todo ha sido orquestado por él. Es un álbum de autor, que, aun con las participaciones de grandes músicos y compositores contemporáneos como Solange, Kanye West o Jack White, mantiene una personalidad reconocible. Es su proyecto más maduro a la fecha, su creación más ambiciosa.

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