Ameer Vann: Emmanuel

Muchas veces es imposible escuchar un proyecto musical sin separarlo del artista. La música, como cualquier otro tipo de arte, sirve para que el autor se revele, sincere y desnude. ¿Sería lo mismo un libro de Vargas Llosa sin las preocupaciones que en la vida presencial lo ataron?, ¿sería Charles Bukowski él mismo si no hubiese nacido Charles Bukowski?

Emmanuel es un disco que resume esa idea. A través de seis canciones, Ameer Vann, acusado en 2017 por violencia sexual, construye un panorama violento, triste y oscuro donde la crudeza de sus letras nos demuestran porque estuvo en silencio desde que Brockhampton optó por dejarlo de lado de la agrupación.

Todo en este EP sirve para adentrarnos en la psique de Ameer. La portada escenifica un bautizo, como si este hubiese muerto y, en su lugar, Emmanuel [también segundo nombre del rapero] ahora ocupase su cuerpo. La primera canción, homónima del proyecto, dice:

“I see darkness all around me, put my soul into the music
I am always fuckin' doubting my every single movement
I saw violence in my home, I seen shit I can't forget
I got anxieties and tendencies and memories repressed”.

Un nudo se forma en la garganta, ya que la principal virtud del ex–Brockhampton siempre fue opacar la instrumentación de cualquiera de las canciones de la boy band. Los tópicos que trataba en ese entonces no se diferencian de los que ahora abraza. Siempre reales, siempre introspectivos. Adentrarse en la música de Vann es, en realidad, conocer su infancia, conocer los suburbios en los cuales fue segregado, echado a menos.

En el aspecto audiovisual es imposible no sentir una influencia de artistas como Kendrick Lamar.

Así pues, a lo largo de las canciones que siguen es imposible ignorar los versos que escupe sin importarle la cara en la que estos caigan. Por ejemplo, en Pop Trunk canta:Look into a serpent’s eyes, I can spot my enemies/ I can hear a butterfly’s wings, you niggas centipedes/ A den of vipers and thieves, you ain’t no friend of me/ I think I’ll finally rest when I rest in peace”, demostrándonos lo extraído que se siente del mundo y cómo la muerte es la solución, la medida para encontrar su paz.

El suicidio, la soledad y la locura, de esta manera, también se configuran como las armas (¿o las debilidades?) del protagonista de este EP. En Glock 19, la mejor pista del proyecto, y que cuenta en la producción con Tim Gomringer, Ameer se sincera. Necesita sus medicinas para funcionar en la sociedad. Tiene demonios. Mientras que en Los Angeles, ciudad donde fue a consolidar sus sueños, nos narra cómo esta se convirtió en un lugar de expiación, dónde tanto sus amigos como él se olvidaron de él.

I signed a deal, said goodbye to my innocence
I fell in love with Los Angeles
I lost my friends to Los Angeles
I lost myself in Los Angeles
Came a long way, I brought Houston, brought Texas with me
I brought my pain and my demons with me

Por último, en Sunday Night y Plastic el tema de la pobreza y la lealtad saldrán a flote. En la primera nos recordará cómo el grupo se desentendió de él una vez que las alegaciones de violencia sexual salieron a la luz pública. La segunda, que se compone únicamente de un verso, finaliza el proyecto diciendo:

Feelin' like I'm seein' for the first time
Feelin' real throwed, but I'm not aloneWrote in that phone, but it set in stone
Niggas want plex, but I got the chrome
Seein' real low when I drive slow
Niggas want more, but I gotta go

En consecuencia, Ameer nos da a entender que todo este viaje, compuesto por apenas 17 minutos, ha sido su verdad, aquella que esperó dos años para ser contada.

Sin embargo, decir que este disco triunfa sería un error. Sí, la producción es decente. No es nada del otro mundo, siendo sinceros, pero no fracasa. Tiene influencia del Trap, género con el cual Brockhampton apenas ha tenido contacto y es tan versátil que casi cualquier voz cabría en sus melodías. No obstante, toda esta travesía se sostiene únicamente por el morbo –la novela– que produce escuchar al ex–integrante de Brockhampton.

Lo que realmente destaca en toda esta situación, que de nuevo pone en la mesa el debate si separar o no al artista de su obra, es la figura de la amputación. Brockhampton sin Ameer Vann es como una orquesta sin un Chelo. Continúan ambos por sus respectivos caminos, logrando eventualmente buenos productos, pero sin llegar a lo magnífico. Aún.

Debajo del parlante

Puedes escuchar el disco en las siguientes plataformas:

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Leonardo Casiano

«Porque nunca se gana una batalla dijo. Ni siquiera se libran. El campo de batalla solamente revela al hombre su propia estupidez y desesperación, y la victoria es una ilusión de filósofos e imbéciles». -El sonido y la furia

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