Series [dis]Gustos

Game of Thrones: The Iron Throne

¿Por qué la serie que marcó historia en la televisión finalizó sin gloria y llena de críticas?

Llegó el final de Game of Thrones. Fue apresurado y anodino. No defraudó, porque no había expectativas que llenar. Los últimos capítulos ya habían clavado la estaca final en la crucifixión del serie, que, lejos de ser una obra maestra del guion, como lo había demostrado años atrás, se conformó con ser un espectáculo visual que simplemente quiso satisfacer a los ‘fanáticos’ de la serie.

El tiempo

Es obvio que la trama de la temporada final adolece de la falta de minutos en escena. Me explico: todas las conclusiones son viables. Daenerys volviéndose loca, Sansa adquiriendo el trono de Winterfell, Jon asesinando a su reina y regresando a la Night’s Watch. Sin embargo, sus resoluciones fueron apresuradas.

Tenemos un total de seis episodios, que se sienten como si hubiesen transcurrido veinte, narrativamente hablando. Y esto se sintió. Faltó espacio para que los personajes expusiesen sus ideas, se relacionen con otros y terminasen de construirse. Es por ello que la decisiones se sienten tan toscas. Aquí no se trata del qué, sino del cómo.

La historia de Daenerys volviéndose loca por el trono es un gran giro en la trama. El reino se convierte en un elemento dentro de la narración que termina por consumirla y haciéndola lo que prometió destruir. No obstante, nunca vimos una evolución en torno a ello. En sólo dos episodios, se convirtió de liberadora a verdugo. Y su muerte no tuvo el mismo impacto que lo hubiese tenido de haber planteado más escenas con ella naufragando en la locura. ¿Una mujer que ha sufrido mucho realmente se vuelve loca tras no comer por unos días y haber perdido a unos cuantos fieles? No. La construcción del personaje lo había alejado de ello por más de cuatro temporadas. Y aun así, esta última temporada lo traicionó. Tiró por la borda todo lo establecido.

Entonces surgen los detractores de la crítica, ‘los fanáticos de la serie’, quienes dicen que hay que respetar la decisión de los creadores. Pero, ¿qué decisión? Ellos nunca plantearon nada nuevo en el guion. La última temporada, aun en su falta de tiempo, fue un acto lleno de conformismos que se dedicó a rememorar capítulos de las primeras temporadas, mediante call backs y frases volteadas.

Como hace tiempo dije, se convirtió en un fan fiction, que hizo que su personaje más popular, Arya, resolviese la trama de Jon Snow; que hizo que Jaime Lannister se acostase con Brienne para contentar a quienes los casaban, y a la que luego abandona, ignorando así todo el arco de evolución del personaje. La octava temporada fue una traición a la inteligencia de su audiencia.

Pero era fantástico

En cuanto a guion, sí, la serie nos falló. La historia esta temporada se convirtió en una sombra de su pasado, que se revistió –y cabe la pena mencionarlo– de direcciones visuales más que competentes. De esta temporada nos quedarán los planos y secuencias más interesantes de la serie.

Los últimos episodios de este [antes] respetado programa tienen un despliegue cinematográfico que marcará época. La destrucción de King’s Landing, por ejemplo, en términos audiovisuales, es una maravilla, un logro de dirección. Fue la consolidación del esfuerzo de Miguel Sapochnik, que anteriormente había dirigido lo mejorcito de la serie. Pero la temporada se quedó en ello, en la forma y no en el fondo. Como una película de Michael Bay, como un Blockbuster, pero sin impacto emocional.

Dagas finales

Envidio a quien diga que lloró con este episodio, porque todavía puede ver esta serie y apreciarla, pese a varias incoherencias. Decir que no se respetaron los arcos argumentales ya es un discurso cansino. Sin embargo, se mantiene vigente.

Grey Worm mantiene con vida a Jon Snow, pese a que habían planteado la idea de que cualquiera que insultase a su reina moriría. Bran adquiere el trono, pese a que él ya había dicho anticipadamente que no iba a gobernar y toda su historia lo orientaba más hacia el rumbo de lo fantástico. Personajes como Brienne o Bronn, por conveniencias del guion, terminaron en altos poderes, ya que así el espectador podía sentir un falso sentido de finalización.

Y mejor no hablemos de los errores de continuidad. Por ejemplo, nunca hubo un impacto real de la batalla contra los muertos, debido a que cada vez que observamos al ejercito de Daenerys parece que ninguno hubiese fallecido. Todo, señores, está protegido por lo que más le conviene a los guionistas.

Las incoherencias siguen, como la de Drogon, que adquiere una capacidad de raciocinio casi humana. Sin embargo, enumerarlas requiere de un análisis por cada una, y [jamás creí decir esto] la serie ya no lo vale. El único final digno fue el de Sansa, que, pese a no ser mostrada casi nada en los últimos episodios, obtuvo el Norte. Y tal vez podría nombrar el de Arya, pese a que en ningún momento se estableció [concretamente] que ella fuese más al occidente que Westeros. Ello sólo se implementó para contentar a los fanáticos.

El final de Game of Thrones fue una montaña rusa de emociones, pues no supe si enojarme o sentir vergüenza. Si en unos años me preguntasen si la recomiendo, diría que sí, pero únicamente las seis primeras temporadas. Allí fue otro tipo de serie, una que se convirtió en una joya del guion y dirección, y que nos dio personajes tan humanos con los cuales lloramos y reímos. Le diría que las dos últimas no existieron, que no debieron existir, pues fueron el producto del fan fiction y una escritura sin forma.

Calificación

5/10

Puntos Claves

Lo mejor:
La estética del episodio, que es decente no nada del otro mundo.

Lo peor:
El guión y las resoluciones que se siente pobres y vacías. No es el qué, sino el cómo llegamos a este final.

Lo raro:
Los montajes del episodio y la distribución de las escenas. Y, cómo no mencionarlo, la petición de change.org para rehacer la serie 

 

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«Porque nunca se gana una batalla dijo. Ni siquiera se libran. El campo de batalla solamente revela al hombre su propia estupidez y desesperación, y la victoria es una ilusión de filósofos e imbéciles». -El sonido y la furia

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