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Game of Thrones: The Knight of the Seven Kingdoms

El segundo episodio de la octava temporada de Game of Thrones es un regreso a los orígenes de la serie. ¿Cómo logra ello?

El segundo episodio de Game of Thrones es la prueba fehaciente de que un buen guión derrota a los efectos especiales y el fan service. The knight of the Seven Kingdoms es [por mucho] uno de los mejores capítulos que la serie nos ha entregado desde la séptima temporada. ¿Por qué?, se preguntará la mayoría, que esperaba seguramente una guerra, explosiones y violencia. Fácil: expone momentos icónicos e introspectivos, la resolución de arcos narrativos y diálogos que recuerdan incluso a las primeras temporadas. Este episodio, que le da una paliza al primero, da cátedra de cómo implementar un buen guión, respetar a los personajes y recuperar la esencia de algunos.

Otras facetas

Entre los pasajes más consolidados de este capítulo, escritos por Bryan Crogman, un viejo conocido dentro del staff de la serie, tenemos los siguientes: el juicio de Jaime, que inicia in media res y destaca su actitud frente a Daenerys como Sansa; el encuentro de este mismo personaje [a solas] frente a Bran y Brienne, donde afronta la culpa que siente con él y [tal vez] el amor que siente por ella; el reencuentro entre Sansa y Theon, dado en un abrazo más que íntimo, que significa mucho para la historia de ambos; y la consolidación de la ‘relación’ de Gendry y Arya, que fue tal y como cualquiera la hubiese esperado, una escena de amor llena de actitud, fuerte e indómita, que respeta al personaje y la filosofía de la menor de las Stark, un personaje al cual le fue arrebatado su adolescencia y que tuvo todo el derecho de estar con un hombre antes de enfrentar a su dios, la muerte.

El guión, en estos arcos narrativos, tomó varias pausas. Sin embargo, cada uno de ellas sirvió no sólo para brindarles a los fanáticos algo de que hablar, sino que consolidaron a los personajes y demostraron las distintas facetas que estos poseen y que han adquirido a lo largo de toda la historia.

Todos antes de morir

El gran momento del capítulo fue [sin lugar a dudas] la conversación en torno a la chimenea del castillo de Winterfell. Allí convergieron un Tyrion que recuperó el humor que lo caracterizaba en los inicios de la serie; un Jaime tenue que parecía más liberado y lejos de la arrogancia que solía caracterizarlo; una Brienne tan respetable como siempre, junto al leal Podrick, que si bien no tuvo diálogos luego interpretaría una canción llena de mitología [para los más estudiosos de Game of Thrones]; un Davos que dejó de ser únicamente un punto cómico [y debo destacar ello, ya que las bromas aquí fueron más mesuradas y efectivas que el episodio interior]; y, finalmente, un Tormund que, cómo siempre, se ganó sus escenas con sus diálogos hilarantes.

Fue un momento de pausa, sinceridad y paz. Entre risas, bromas y verdades incómodas, los personajes disfrutaron de una cálida noche antes de la tempestad. Y fue allí donde el momento que le dio el nombre al capítulo se dio. Cuando Jaime nombró a Brienne caballero en los Siete Reinos concluyó no sólo la trama de la alta mujer, sino la suya. Con ese acto, finalizaron los arcos de ambos personajes: la redención de uno [Jaime] y la realización de las aspiraciones del otro [Brienne]. Ambos ya están listos para fallecer.

Otra trama que también terminó fue la de Theon, pues su regreso a Winterfell supuso el paso final de su proceso de redención. Luego de su encuentro con Sansa, una de las escenas más bellas del capítulo, escuchamos de sus labios su deseo de sacrificar su vida con tal de resguardar la del hermano que traicionó, Bran, quien se expondrá al Night King, cuya razón de existencia se reveló segundos antes: erradicar la memoria de la humanidad.

El amor, además, estuvo presente. Missandei y Grey Worm tuvieron el espacio necesario en pantalla para concretar su relación y ratificarla al decir que, una vez terminada la guerra [si sobreviven], irían lejos de Westeros. Una decisión que no escapa del fatalismo de la serie.

El respeto a los personajes

Un gran acierto en The Knight of the Seven Kingdoms, además de los pasajes bien construidos, fue el recuperar al personaje de Daenerys. En la conversación que mantiene con Sansa, no sólo se rescata la esencia de su personalidad, sino que se explica el subtexto de su amor por Jon, que si bien se había entendido en las acciones de la temporada anterior, los diálogos nunca fueron tan fuertes como para concretar esa relación.

Sin embargo, todavía mantiene esa incapacidad de lidiar con sus emociones. Cuando Jon le comenta la verdad de su origen, ella le recrimina en lugar de aceptarlo. Sí, uno puede empatizar más con el personaje de Emilia Clarke en este episodio, pero, poco a poco, las teorías que la confirman como una obsesionada al poder se ratifican. Es una espada de doble filo.

Asimismo, como mencioné arriba, el personaje de Tyrion volvió a ser presentado en su mejor aspecto. Su humor sarcástico y diálogos punzantes fueron recuperados, tanto en la conversación que mantuvo a solas con Jaime como en la ya memorable escena frente a la chimenea.

En conclusión, en este capítulo, Game of Thrones recupera su esencia y se aleja del estigma de sus retractores que la colocan como un programa que centra su atención en la fantasía y ritmos frenéticos. Este episodio respetó los orígenes de la serie, donde siempre prevalecieron más los diálogos y la revisión y construcción de personajes.

En la noche en la cual se ejecutó esta historia, lo que realmente tomó relevancia fue la manera en la que cada personaje lidió con su inexorable destino: con una cerveza, conversando entre colegas o teniendo sexo. El episodio se llama The knight of the Seven Kingdoms precisamente por ello, ya que el momento más importante de toda la trama se da con Brienne. Ella resume lo que se nos quiso dar: una satisfacción previa a la lucha.

Ahora, sólo queda esperar el siguiente paso en la historia. Los White Walkers se encuentran muy cerca de Winterfell. La gran lucha se dará. ¿Y quién será el ejecutor del próximo episodio? Miguel Sapochnik, director de la Battle of the Bastards, Hardhome y The Winds of Winter [más conocido como el capítulo donde Cersei incineró el Septo de Baelor]. Así pues, sólo queda esperar con mucha expectativa. Valar Morghulis.

Calificación

8/10

Puntos Claves

Lo mejor:
La conversación entorno a la chimenea, la escena de sexo entre Gendry y Arya. Técnicamente, los aspectos que desarrolló el guión Bryan Crogman.
Lo peor:
Emilia Clarke no actúa tan bien. Con otra actriz, el peso dramático en la conversación con Sansa o la que mantiene con Jon hubiese sido otro.
Lo raro:
La canción que Podrick interpreta es en realidad un guiño a los libros, que puede presagiar lo que sucederá en los próximos episodios.

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«Porque nunca se gana una batalla dijo. Ni siquiera se libran. El campo de batalla solamente revela al hombre su propia estupidez y desesperación, y la victoria es una ilusión de filósofos e imbéciles». -El sonido y la furia

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