Realidades Suricatas en Ica

No murió un héroe

El suicidio del expresidente del Perú, Alan García, ha producido reacciones diversas tanto en la prensa como en la población. No obstante, ¿qué es lo que realmente debería provocar este suceso?

Alan García no fue un mártir político. No fue un héroe ni tampoco alguien que deba ser admirado ciegamente. Que quede claro ello siempre. El señor García fue [eso sí] un gran orador y una máquina política que llegó al sillón presidencial dos veces y que, durante toda su carrera, tuvo cola que le pisen.

Menciono los siguientes lugares: Bagua [2009], Coyara [1988], Accomarca [1985], Los Molinos [1989], los penales de San Juan de Lurigancho, El Frontón y la cárcel de mujeres Santa Bárbara [1989]. ¿Resultan familiares? ¿Cuál es el nexo que tienen? Estos fueron escenarios mortíferos para cientos de civiles peruanos durante las gestiones del exmandatario y en los cuales él se vio, en mayor o menor medida, vinculado, según el diario La República.

Sin embargo, puedo conjeturar que estos casos no llevaron al expresidente a suicidarse el miércoles 17 de abril de 2019. No, lo más probable es decir que fue el Caso Odebrecht lo que lo impulsó a tomar tan drástica decisión, pero uno no puede saber exactamente que pasa en la cabeza de alguien más al cometer este tipo de actos.

Opinar sobre la autosupresión de una vida es de sumo cuidado. Hipótesis se pueden barajar. El orgullo, el temor, la cobardía e, incluso, como han mencionado militantes del Partido Aprista, el honor y la valentía, son algunas de las características que le han atribuido a la acción que el exgobernante cometió con una pistola en su hogar.

Me remito a Albert Camus. En la introducción de su ensayo ‘El mito de Sísifo’, escribía: «No hay más que un problema filosófico verdaderamente serio: el suicidio. Juzgar si la vida vale o no vale la pena de vivirla es responder a la pregunta fundamental de la filosofía». Por ende, supongo meticulosamente que lo único que determinó Alan García la madrugada del 17 de abril fue que la vida ya no valía la pena o que no la valdría encerrado en la cárcel.

Entonces, se puede decir mucho al respecto. Opiniones se sueltan fácilmente, pero lo que importa, al fin y al cabo, son los hechos. García se quitó la vida luego de que el fiscal Henry Amenábar y seis policías de la División de Investigación de Alta Complejidad [Diviac] lo esperasen pacíficamente en la entrada de su hogar, ya que el exmandatario iba a ser detenido por diez días debido al Caso Odebrecht, que investiga la red de corrupción internacional de la firma brasileña y en la cual se han visto involucrados los últimos cuatro expresidentes del país.

Otra verdad es que el deceso del líder aprista conmocionó a la ciudadanía del Perú. En la mañana de ese día, las redes sociales explotaron. Twitter era una marabunta de opiniones encontradas. Al señor García lo insultaban, lo celebraban y hacían comedia con su muerte. Las fotos de lo que pasó en el Casimiro Ulloa, hospital donde fue llevado luego del balazo, también se difundieron rápidamente. Los peruanos nos hicimos morbosos. Todos querían saber. Todos compartían.

Los rumores de su muerte llegaron a las siete de la mañana. La versión oficial, en cambio, se produjo a las diez. El expresidente había muerto y aquello provocó que el país se convirtiese en una plaza.

De la misma forma en la cual burlarse de suicida está mal, también lo está el vanagloriar su decisión. Cientos de apristas consideraron la acción de García Perez como algo positivo. Y sólo puedo preguntar, decepcionado: ¿en qué cabeza el quitarse la vida supone un acto ejemplar? ¿Acaso los peruanos no están conscientes que el poner el suicidio como un acción heroica podría llevar a alguien a cometerlo también? No. No es una cuestión de valentía o cobardía suicidarse. Es un hecho que merece ser tratado con delicadeza y sensatez, tanto por parte de la prensa como del público en general.

Con las horas, además, llegó el decreto del Luto Nacional, a lo cual miles de internautas peruanos demostraron su desconformidad. #NoEsMiDuelo fue el hashtag que se apoderó de Twitter. Y al que, sin temor, me adhiero. Eso sí, rechazando todo tipo de comentario extremista, porque, como siempre, no faltan las personas que llevan todo un poco más allá.

El expresidente del Perú, en los últimos meses, vivió episodios difíciles. La justicia iba a caer sobre él. Todas las piezas estaban puestas para que así fuese. Sin embargo, esta no logró atraparlo. Su suicidio, si algo evitó, fue su detención. Los hechos, hechos son.

Desde este pequeño espacio, asimismo, mando mis condolencias a la familia y seres queridos del señor Alan García. Tal vez ninguno de ellos lea esto, pero lo hago de todas formas. Eso sí, recalco que este oscuro episodio no debe ser usado para santificarlo ni para evitar que la justicia siga ejerciéndose en el país. Horas después del deceso del exmandatario, inició una [irracional] investigación preliminar a los fiscales José Domingo Pérez y Henry Amenábar por parte de la Oficina Desconcentrada de Control Interno de Lima del Ministerio Público, relacionada con el allanamiento de la morada del exgobernante. Y eso, perdónenme, no puede pasar.

Los días que vienen serán decisivos. La historia del Perú abre un nuevo capítulo con este suceso. Y tal vez, a menos que algo excepcional pase en los siguientes meses, este es el epítome del año. Sólo queda aguardar los movimientos de las fichas del damero político peruano.

La mañana del 17 de abril de 2019 no sólo se suicidó un expresidente, sino que falleció un hombre investigado por casos de corrupción y cuya carrera política se había agrisado en los últimos años. En el Casimiro Ulloa no murió ni un héroe ni un mártir.

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Nota al pie de página:

Acá dejo algunos enlaces de interés para quien quiera seguir investigando o informándose del tema:

  1. No es un tema de valientes ni cobardes
  2. Casos en los que se involucra a Alan García
  3. Alan García falleció
Licencia Creative Commons


No murió un héroe por Leonardo Casiano se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional.

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